Benjamin apretó las manos sobre la mesa. Quería decirle todo. Quería confiarle la información que había estado reuniendo por semanas. Pero no podía.
Tenía un pacto. Con el señor Nueve.
Y había reglas que no podían romperse sin consecuencias.
—Lo que puedo decirte —comenzó, con esfuerzo—, es que mi rastro también me trajo a Yerinam. No hay duda de que algo se está moviendo aquí… algo grande.
Olivia lo miró en silencio, esperando más. Él desvió la mirada.
—Hay alguien del pasado de Rey… —dijo, finalmente—. Alguien que podría ser la clave para llegar a él.
Ella se inclinó ligeramente hacia adelante, su expresión atenta.
—¿Quién es?
Benjamin dudó unos segundos. Entonces suspiró.
—Se llama Jenny. No sé si sigue viva, pero… si alguien sabe dónde está Rey, o qué planea, es ella.
Y entonces todo alrededor de Olivia empezó a girar. ¿Jenny? No puede ser que aquella persona se llame como mi difunta madre. ¿Es posible que…? ¡Eso sería impensable!
Benjamin notó el cambio en los ojos de Olivia apena