El sonido de los tacones de Olivia resonó con determinación en el suelo de mármol de la joyería Dreame. Su expresión era seria, enfocada. Yandel y Lia la esperaban cerca del mostrador principal, con rostros tensos. Había un aura de expectación que podía cortarse con un cuchillo.
—Así que… ¿es cierto? —preguntó Lia en voz baja apenas la vio—. ¿Max Brook volvió?
Olivia asintió, sin rodeos.
—Sí. Pero no como ustedes piensan. Él... está muriendo. Fue envenenado. Por eso fingió todo. Por eso se alejó.
Ambos la miraron sorprendidos. Yandel frunció el ceño, como si tratara de ordenar lo que acababa de escuchar. Max Brook, el hombre que su jefa había amado, el mismo que había desaparecido y la había hecho sufrir… estaba pagando un precio más alto del que jamás imaginaron.
—¿Y qué piensas hacer? —preguntó Yandel con cautela.
—Volver a Cananea —dijo Olivia sin dudar—. El antídoto tiene que estar allá. Rey podría seguir en algún rincón oculto. No podemos darnos por vencidos ahora.
Yandel asintió