—No fui yo—, respondió Olivia con calma. Su rostro estaba espantosamente blanco, pero sus ojos claros brillaban con resolución.
A pesar de eso, Lionel agarró su cuello con más fuerza mientras rugía: —¡Ni siquiera intentes defenderte! La propia Lia dijo que tú eras la culpable antes de desmayarse. ¡Y, sin embargo, todavía no muestras remordimiento!—
El dolor se disparó por la garganta de Olivia. La muerte parecía estar a solo unos centímetros de ella.
—N-no estoy aquí para debatir sobre quién fu