Bajando la cabeza, Max capturó los labios de Olivia con los suyos. No fue un ligero beso en los labios, sino más bien un largo y prolongado beso, como si él anhelara transmitir sus indescriptibles sentimientos al centro de su alma.
En el hospital, Lionel se desplomó contra la pared fuera de la sala de emergencias. Sus piernas habían cedido, y sus ojos se habían vidrioso en estado de shock.
La sangre cubría ambas manos, el calor residual se filtraba en sus huesos fríos. Tembló incontrolablemente mientras todo su ser sucumbía al miedo.
El terror que sintió en ese momento no se parecía a nada que hubiera experimentado antes. Era como un agujero negro que se cernía sobre él, listo para engullirlo en cualquier momento.
El miedo iba más allá de la simple preocupación por la vida de su hermana. Una preocupación más siniestra acechaba debajo de lo que se suponía que era un cuidado fraternal. Lionel había tratado de descartar el pensamiento cada vez que surgía en el pasado, pero ahora lo perse