De inmediato, Olivia reconoció a su hermana gemela. Durante todos estos años, había intentado enterrar su resentimiento en lo más profundo de su corazón y vivir con una apariencia de felicidad. Sin embargo, nadie podía comprender su dolor y miseria. Todas las noches, las imágenes de Maia arrebatándole a sus hijos e incendiando la casa se repetían en su mente, como una pesadilla interminable.
La rabia la invadió, y sus manos se aferraron al mantel con tanta fuerza que casi lo rasgó.
—Mami, ¿qué