CAPÍTULO — La carta que no leyó a tiempo
Samuel volvió a la mansión en silencio, con el cuerpo agotado y la cabeza llena de nombres que pesaban más que cualquier cansancio físico, subió las escaleras despacio para no despertarla y se detuvo un segundo en la puerta de la habitación antes de entrar, como si necesitara tomar aire para asegurarse de que Victoria estaba ahí, protegida al menos por unas horas del caos que parecía haberse desatado alrededor de su vida.
La vio dormir, recostada d