Capítulo — Hotel sin escudo
El silencio del hotel Montaldo pesaba como una maldición.
Sin Samuel, el alma del lugar parecía haberse ido con él.
Los pasillos, antes vibrantes, con empleados sonrientes y huéspedes generosos, se habían convertido en corredores fríos donde los rumores caminaban más rápido que los pasos.
Ricardo Segovia no perdió tiempo.
Desde su despacho movía hilos legales con la precisión de un cirujano que sabe dónde cortar para hacer sangrar sin matar. Había esperado e