Capítulo — Las sombras del regreso
El cielo seguía encapotado esa tarde.
Una llovizna fina caía sobre los ventanales del hotel Montaldo, dejando un velo gris que parecía reflejar lo que sentía Victoria por dentro.
El reloj marcaba casi las seis. Los pasillos estaban llenos de murmullos, pasos apurados, voces bajas que se cortaban en cuanto ella aparecía.
Caminaba con la espalda recta, la mirada firme, y la cartera apretada bajo el brazo.
Había guardado la carta de Samuel dentro, doblada con