Capítulo — Pequeñas victorias
La mañana había comenzado con la dureza habitual de Victoria y más aún con lo que pasó esa noche .
Después del desayuno, mientras revisaban juntos las carpetas de contratos en el despacho del hotel, ella clavó su mirada en Samuel, fría como un bisturí.
—Quiero dejar algo claro, Duarte —dijo, cruzando los brazos sobre el escritorio, sus uñas repiqueteando contra la tapa de madera—. Lo de anoche no cambia nada. Nuestro acuerdo sigue siendo un contrato, nada más.