Annika llegó finalmente a su casa, aunque su mente seguía sumergida en pensamientos que no lograba ordenar. El eco de las palabras de aquel hombre, su rostro y la intensidad de su mirada se repetían una y otra vez en su cabeza, impidiéndole concentrarse en otra cosa.
Sin detenerse a reflexionar, se dirigió hacia la parte trasera de la vivienda, tal como hacía siempre, y accedió al interior por el túnel oculto que utilizaba para entrar y salir. Moviéndose con cierta mecánica precisión, se asegur