Capítulo 73. Corriendo detrás del caos
Verónica la observó con las manos temblando y un nudo en la garganta.
—Ya no puedo más, necesito contarte, pero por favor no digas nada.
Zuleima le sirvió más té sin preguntar. Verónica lo aceptó como quien recibe un gesto de madre, y no de suegra.
Verónica dudó. Luego, sin mirar el té, murmuró:
—Estoy embarazada.
Zuleima se quedó en silencio. No por sorpresa, sino por respeto.
—Tu novio ha de estar contento.
Verónica puso la mano en su frente y frotó entre sus cejas.