Capítulo 74. La suite de doscientos dólares
Por más que Verónica corrió, no pudo alcanzarlo hasta que Mauricio ya estaba muy cerca de la casa del maleante con el apodo El Ruso, porque era rubio, alto y con el cuello grueso. Mauricio aunque era tan alto como él era más delgado.
—Mauricio, espera, por favor. ¿Dónde está tu papá?
—Fue a buscarlos a la cancha donde se la pasan.
— ¿Por qué no vamos con ellos?
—Ve tú con él, o mejor devuelvete a la casa.
—Por favor Mauricio, solo te buscarás problemas con ese hombre.
El Ruso