Me senté en la camilla de la clínica privada y, muy cerca, escuché el susurro de mi mejor amiga.
Unos segundos después terminó la llamada telepática y volvió el rostro hacia mí.
—Tranquila, todo está arreglado. Saldrá justo como planeaste.
Asentí apenas, con la voz serena: —Ajá.
En ese momento llamó a la puerta mi sanador privado, llevaba la carpeta clínica en la mano y el gesto grave.
—Señora Luna Diana, debo confirmar por última vez su voluntad antes de la intervención.
Abrió el expediente, me