Él aún intentaba hablar cuando Rose estalló en un rugido salvaje: —¿¡Así que la proteges a ella!?
Sus ojos hinchados y rojos fulminaron al Alfa Nate, cargados de rencor: —¿No estabas siempre de mi lado? ¿No dijiste que me ayudarías? ¿¡Por qué cambiaste!?
El Alfa Nate esbozó una sonrisa amarga; su voz rezumaba dolor: —Rose, todos estos años estuve equivocado. ¿Por qué te aferras a no soltar el pasado?
—¿Soltar? —Rose se rió, casi loca—. ¿Por qué debería? ¡Solo hice lo mismo que tú! Engañaste a Di