Ese cachorro jamás lo parió ella.
Quién sabe de dónde lo sacó Rose para intentar pasar la prueba—pero en cuanto salió el resultado, la farsa quedó al descubierto.
A ella y al pequeño los expulsaron del clan sin siquiera darles un trozo de carne seca.
Quien antes brillaba con todo el esplendor, ahora no tenía dónde pasar la noche.
Tambaleándose regresó a la casa de sus padres, los ojos enrojecidos, al borde del colapso, y apenas abrió la puerta gritó:
—¡Papá, mamá, sálvenme!
La recibió un silenci