Una última vez.

Alan caminó hacia la entrada de la mansión. No volteó, ni pidió más explicaciones, solo cruzó el jardín acompañado por las hojas de otoño y desapareció tras los muros de piedra blanca.

Anya se quedó inmóvil en el jardín.

El aire estaba más frío que antes. Las hojas caían sin ruido, como si el mundo entero caminara en puntas de pie por respeto a su silencio. Ella no quería moverse, no quería entrar, pero tampoco se animaba a salir.

Solo quería estar allí, sola con sus pensamientos.

Bajo sus pies
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