Tumba sin flores.

La oscuridad en aquel despacho cubría su cuerpo y lo único que podía ver era su celular, esperando un mensaje, una llamada, lo que fuera que le diera esperanzas de que su esposa regresaría, pero nada llegó. Dejó el celular en el escritorio y dio un trago largo a su botella.

Desde que ella se fue, la mansión se sentía como una tumba sin flores y su corazón estaba echo pedazos.

Aunque en esa oscuridad podía darse el lujo de pensar con calma, o mas bien de torturarse con sus propios pensamientos.
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