Manipulación del CEO.
Edward se inclinó sobre la cuna con movimientos torpes, procurando que sus dedos no rozaran la mantita más de lo necesario. Los bebés respiraban con esa paz que él no conocía en sí mismo. Uno giró el rostro, buscando calor, y Edward lo acomodó con dedos rígidos y torpes.
—Así está bien… —Susurró nervioso.
Cuidar de sus hijos, que Anya confiara en él para cuidarlos y que sus hijos se sintieran reconfortados con él, tanto que no emitían ni un solo sollozo, mientras él los cuidaba, era un deleite