Anya Vanderbilt.
Anya disfrutó los rayos del sol en su rostro, apenas cruzó el umbral de la puerta con los trillizos acomodados en un cochecito triple.
Tan pronto prestó atención alrededor, notó las cámaras humanas observándola; los guardias, los cuales, se suponía que estaban allí para custodiar la entrada a la mansión, la observaban como si planearan impedir un escape que Anya ni siquiera había pensado.
Las hojas crujían bajo sus pies y en ese momento Anya pensó que incluso las estatuas del jardín de giraban