Chispas faltantes.
Las puertas del vestíbulo se abrieron con suavidad. Alan se detuvo un instante para observar el interior. El mármol del suelo reflejaban la luz de las lámparas y los muros estaban decorados con cuadros de trazos precisos y colores tenues que contrastaban con la elegancia del lugar.
Desde la curva de la escalera bajó Isabel, elegante como siempre, con los trillizos en un fular.
Alan la reconoció del hospital.
“Con razón la confundí con Anya, es su madre” Pensó.
Alan enderezó la espalda de inmedi