En los días siguientes, para Emilia todo se volvió un fin del mundo. Cada vez que veía a Dylan, el cuerpo se le ponía a temblar.
Cinco días después, justo cuando creyó que volverían a llevarla al mar, no pasó nada. En cambio, la trasladaron a una clínica privada. Dylan se quedó junto a la camilla y escuchó el latido con el Doppler fetal.
—Doctora, ¿cómo está el bebé?
—El crecimiento va muy bien. Con controles periódicos, no debería haber problema.
—Bien.
Dylan la ayudó a bajar de la camilla con