Al oír a María mencionar a los Ramos y a Emilia, a Dylan se le desgarró algo por dentro; dio un paso hacia ella, fuera de sí.
—Mari, sé que mi familia y yo te debemos demasiado. Te lo juro: voy a repararlo. Voy a compensarte. No puedo vivir sin ti.
La miró, con la voz temblándole de ansiedad.
María sonrió de medio lado.
—Dylan, ¿actuaste tanto que acabaste creyéndote tu propio papel?
Las palabras de él, las de los últimos meses, le zumbaban aún en los oídos. No había olvidado nada.
—Tú amabas a