La noche anterior, cuando le confirmaron la cita, Pedro sintió curiosidad por saber con qué saldría Dylan. Al escuchar su primera frase, soltó una risa breve.
—Dylan, ¿qué es María para ti?
—Por supuesto, es mi esposa —respondió, como si fuera obvio.
—Veo que, para ti, una esposa es algo que se puede intercambiar. En eso no estoy de acuerdo. Para mí, María no tiene precio; no se compra con nada —dijo Pedro; llevó la taza a los labios y bebió un sorbo—. Si no hay más, me retiro. A María le gusta