A los siete años, el líder de hombre lobo errante me secuestró. Había otro cachorro de lobo capturado junto conmigo.
Fue él quien se interpuso sin dudar, su cuerpo pequeño recibiendo cada golpe que iba dirigido a mí.
Podía sentir su energía salvaje, como una bestia hambrienta dispuesta a destrozar todo con tal de protegerme.
No supe su nombre. Me escondió en un barril abandonado y se fue solo a enfrentar a esos hombres lobos errantes.
Fue Quinto quien apareció después. Abrió la tapa del barr