Capítulo 842
Sin agua, se tragó las pastillas de un solo golpe.

El dolor inmediato fue agudo, pero pronto comenzó a disminuir.

Cuando el dolor cedió, su mirada recuperó algo de brillo. Observó a Dulcinea en su estado de angustia, abrió la puerta del coche y con voz ronca dijo:

—Te llevo a casa.

—Puedo conducir yo misma.

—Dulcinea, por favor, hazme caso.

Su tono evocaba los días de recién casados, cuando ella le llamaba «cariño» y dejaba todas las decisiones en sus manos, sin preocuparse por nada.

Pero,

esos
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