La Casa Astorga.
Dulcinea entró al vestíbulo, y notó las miradas incómodas de los tres Betancourt. Todos ellos habían visto a Luis y no parecían contentos.
La madre de Cristiano, con evidente disgusto, comentó con un tono ligeramente mordaz:
—Dulcinea, vinimos con toda sinceridad para proponerte matrimonio con nuestro hijo. Si tienes algo en contra de Cristiano, dilo, pero no puedes estar revolcándote con un hombre de dudosa reputación, desprestigiando a nuestro hijo.
Su tono se tornó más desdeñ