Luis la envolvió con sus manos, acariciándola suavemente.
Sus oscuros ojos se clavaron en ella, y cada movimiento la hacía estremecerse. De vez en cuando, ella no podía soportarlo y sus pequeñas fosas nasales temblaban ligeramente, solo con mirarla él sentía un deseo irrefrenable de hacer el amor con ella.
Cuando ya no podía más, levantó ligeramente la cabeza y sollozó.
—¿Por qué lloras? —Luis se acercó y besó suavemente sus lágrimas—. En ciudad BA no te quejabas, solo lo hicimos una vez y tu cu