¡Él no tuvo piedad!
¡Él no tuvo piedad!
¿Cómo pudo ser tan tonta para pensar que él se apiadaría? ¿Cómo pudo creer que dejar de comer lo haría ceder, que la dejaría en paz…?
Dulcinea, te sobrevaloras a ti misma, y también sobreestimas a Luis.
¡Él no tiene humanidad, es un monstruo!
Los ojos de Dulcinea estaban apagados, yacía en silencio, ahora ya no quería ayunar, pero tampoco tenía apetito. Estaba desesperada con su vida, y consigo misma.
En las esquinas de sus ojos, todo eran lágrimas, porque