Capítulo 560
La lluvia caía sobre su rostro, sobre sus pestañas.

¿Qué…?

Ana parpadeó suavemente y lo miró.

Mario sostuvo su fría mejilla, su voz baja y peligrosa, casi obligándola a decir:

—¡Nunca hubo nadie más! Aparte de mí, no tienes a nadie más. Mira con atención, el espacio de tu estado civil está en blanco. Estás conmigo, no necesitas preocuparte por restricciones morales, no has traicionado a nadie.

Ana apretó el papel y lo colocó frente a ella muy lentamente.

Por un momento, sus labios temblaron lige
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