Fuera, la lluvia no cesaba.
Dentro de la pequeña habitación, la cama de muelles chirriaba sin descanso, acompañada por los suspiros del hombre y los susurros seductores de la mujer… lo cual provocaba sonrojos y latidos acelerados al escucharlo.
Cuando la pasión alcanzaba su punto máximo, Ana acariciaba suavemente el apuesto rostro del hombre.
Sabía que un hombre como Mario, con su estatus, no la engañaría de manera deshonesta; la información que le proporcionó era genuina. Su estado civil estaba