Más tarde, Ana se quedó dormida, y cuando despertó a medianoche, encontró una docena de mensajes de WhatsApp no leídos, todos de Mario.
En la tranquilidad de la noche, los leyó en silencio, sin responder más.
Después, se levantó para cuidar a sus dos hijos.
Aunque no compartía su vida diaria con Mario, su relación mantenía una cercanía peculiar, desconocida para los demás. Para ellos, el simple hecho de vivir en la misma ciudad ya era un tesoro.
Los vaivenes emocionales que habían experimentado