Pablo, jugueteando con su teléfono, no pudo evitar reír:
—Al menos yo no traigo a mis conquistas a nuestra casa.
Camila quiso responder, pero Pablo interrumpió sacando de su bolsillo una serie de fotos y lanzándolas sobre la cama:
—Mira tus escándalos, cada foto con un hombre distinto. Sin ellas, jamás hubiera conocido la verdadera naturaleza de mi esposa ni cuánto disfruta.
Camila, recogiendo las fotos una a una, quedó petrificada. Cuando finalmente habló, su voz era un susurro suplicante:
—Pab