Ana no quería, ni podía responder a la pregunta de Mario.
El sedante comenzó a surtir efecto en su organismo, y, lentamente y con reluctancia, cerró los ojos...
Su figura dormida era delgada y frágil, desprovista del brillo que una vez tuvo.
Mario le acariciaba suavemente el rostro, mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas... Aunque Ana ya había caído en el sueño, parecía resistirse inconscientemente al contacto de Mario.
El dolor en el corazón de Mario era inmenso.
Tras observarl