Mario tragó saliva con dificultad...
Tras un largo momento, finalmente se repuso y despidió a la consultora de lactancia.
Cuando volvió al dormitorio, Ana ya se había puesto su ropa, aparentando estar lista para irse. Mario la observó en silencio bajo la luz y preguntó: —¿Te vas?
Ana no lo negó. Dijo: —Tengo cosas que hacer. Volveré en unos días para visitar a Emma... Una vez que termine lo que tengo que hacer, me la llevaré lejos de aquí.
Bajo la luz que todo lo blanqueaba, los ojos de Mario s