Mario estaba pensando intensamente. Se dio cuenta de que Ana siempre había sabido que él estaría aquí esta noche. Se acercó para agarrar la muñeca de Ana, pero antes de que pudiera hablar, ella exclamó: —¡No me toques!
Ana se zafó con fuerza, dando un paso atrás y mirándolo fijamente: —Mario, ¡prometiste que no la verías más! Dijiste que esta noche irías a una reunión en la empresa, ¡pero has estado con ella todo el tiempo! ¿Qué soy para ti? ¿Qué es nuestro matrimonio para ti? ¿Y todas esas pala