Estoy confundida, pasmada y desorbitada. ¿Ayudarla a conseguir el tesoro? Observo al hada, que según ella se llama Flora, con incredulidad y escepticismo.
—¿A qué te refieres con el tal tesoro? —inquiero, después de un largo rato de mutismo. Flora va a hablar, pero se detiene cuando se escuchan pasos; entonces, de un momento a otro, ya no se encuentra frente a mí. ¡Ha desaparecido! ¿Cómo rayo pudo hacer eso?
—¿Estás bien? —peguntan mis amigos al unísono y con cara de espanto.
—Sí, estoy bien.
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