Me despierto con un dolor de cabeza horrible y con náuseas. ¿Por qué todo está oscuro? ¿Ya ha anochecido? Me levanto de a poco porque el malestar es insoportable y enciendo la luz; al mirarme en el espejo, no sé si llorar o reír ante mi aspecto desaliñado y mis ojos hinchados y rojos. ¡Me veo tan fea!
Un suspiro y nuevas lágrimas me mojan las mejillas; no, no debo llorar más o me estallarán los ojos. Me las limpio con rudeza y me dirijo al baño. Con todo y ropa me pongo debajo de la ducha, una