Escondo mi olor y camino a hurtadillas en dirección a la habitación de Gael. El hecho de que no podamos tener sexo no significa que no durmamos juntos. Con el corazón latiéndome muy rápido doy toquecitos leves en la puerta, hasta que un soñoliento Gael me abre.
De inmediato, los nervios me atacan y la garganta se me reseca. Todavía se me hace irreal que él sea mi pareja y que haya reconocido que somos mates.
—¿No puedes dormir? —inquiere él con tono divertido mientras se amarra el cabello desar