Los murmullos se extendían por el área común.
Michelle sabía que toda la atención se la llevaba esa perra embarazada.
Dos lobas hablaban a un costado, cerca de las jarras de agua. No bajaban la voz. No lo necesitaban.
—Hay que cuidar bien de nuestra señora —dijo una, con firmeza—. No tarda en llegar al mundo el heredero del alfa. Eso merece respeto; después de tanto tiempo, nuestros ruegos fueron escuchados.
—Y atención —añadió la otra—. No cualquier loba carga al futuro alfa en el vientre.