Noah buscó su mirada. Esas palabras despertaron algo fuerte, algo que ardía en su pecho… no supo identificar si era enojo, indignación o desánimo.
—Eso que acabas de decir —replicó, con la voz baja y cortante— no tienes ni que repetirlo.
Leah parpadeó repetidas veces y tragó duro.
—¿Cómo?
—Que tu hijo no es mío. Que no es mi heredero. Que no será alfa de aquí ni de ningún lugar —enumeró, sin emoción—. No me debes aclaraciones. Ni discursos. Menos obviedades.
Dio un paso al frente. No para intim