La luna iluminaba el cielo, brillante y hermosa. Los días pasaron y se volvieron semanas.
No hubo un quiebre claro entre unos y otros. Para la manada, fueron monótonos. Uno que otro intento de robo menos.
Para Leah, fue una sucesión pesada de horas, capas de cansancio que se acumulaban en su cuerpo. Al inicio creyó que era algo pasajero, una consecuencia normal del embarazo. Pero el agotamiento no cedió. Dormía y despertaba igual de exhausta. Caminaba unos pasos y sentía el peso en las piernas,