—Imbéciles.
—Sí —asintió Cassian con un movimiento de cabeza—. Pero imbéciles con tiempo libre.
Noah volvió la vista al bosque. Pensó en Leah. En lo que verla llorar le provocó en lo profundo de su ser. En la forma en que cruzaron miradas, el leve rubor en sus mejillas al estar tan cerca. En cómo sonó su voz suave al pronunciar “curanderos del Norte”.
—Esto se va a descontrolar —su rostro parecía inexpresivo, ajeno al torbellino de sensaciones contradictorias en su interior— si no los mantengo