Leah extendió el trozo de carne sin mirarlo.
Noah lo tomó.
Sus dedos se rozaron apenas una fracción de segundo. Fue suficiente.
El recuerdo lo golpeó sin aviso. Árboles cerrados. Tierra húmeda. El cuerpo de ella contra el suyo, cálido, tembloroso. El sonido ahogado de sus gemidos, la forma en que se aferró a su cuello, la piel marcada por hojas y sudor. Lejos de la casona. Lejos de las miradas de todos. Un error. Un instante que jamás debió existir.
Apretó la mandíbula.
Cortó el pensamiento de