El aire de la mañana se filtraba por los ventanales altos, con ese aroma tenue a piedra húmeda y a madera recién pulida. Noah estaba sentado frente a Cassian en el césped, y observaba las sombras bajo sus ojos, las ojeras oscuras que se hundían hasta casi tocarle las mejillas. Bajó la mirada hacia sus manos empuñadas y apretó los labios hasta formar una fina línea. Usaba todo su autocontrol para no echarse a reír.
—Entonces, dices que esos tipos te siguieron… para espiarte mientras nadabas desn