Leah se encontraba completamente recuperada. El poder de los lobos sanadores había borrado hasta el último rastro de las molestias del embarazo. Descansaba junto a su bebé, mientras Noahlím, su primera hija, observaba al recién llegado con una curiosidad cargada de recelo. La niña no rechazaba al cachorro, pero su mirada fija y sus manitas apretadas delataban el temor de que aquel ser diminuto y extraño se quedara ahí por mucho tiempo.
Una felicidad serena inundaba a Leah, que acunaba a ambos h