Al día siguiente, cuando los rayos del sol iluminaron el cielo, Leah fue llamada de nuevo ante la Reina.
Rubí se mostró amigable y conversadora. Leah, casi sin pensarlo, le contó acerca de la reciente visión sobre ella. Al ver la expresión desconcertada en su rostro, se arrepintió.
—No fue mi intención ofenderla, su majestad —le dijo con pánico en la voz.
Rubí le aseguró que no lo hizo, que su sentir se debía a la vergüenza.
—Es algo que nadie sabe con certeza, pero que todos sospechan —murmuró