Los ojos de Leah esquivaron a los de la Reina. Era incapaz de sostenerle la mirada. Pasó la lengua por sus labios resecos.
Rubí logró identificar el miedo en aquella loba. Rememorar momentos trágicos que todavía no sanaban debía resultar difícil.
—Me disculpo si mi pregunta resultó muy invasiva. —La Reina alisó la falda de su vestido con una sonrisa tan amable como triste.
—No, su majestad —se apresuró a decir Leah con desesperación—. No fue mi intención ofenderla. De verdad, discúlpeme.
—Tranq