Una nueva visión llenó el área del combate.
—¡De nuevo con esta estupidez! —refunfuñó, asqueado de los vanos intentos de Leah. ¿De verdad era tan miserable como para cautivarse a ese nivel de su amante?
Lucian puso los ojos en blanco. Leah era una idiota sentimental capaz de encariñarse con una rata, solo por el hecho de estar siempre confinada a la soledad.
Los gritos de los espectadores lo hicieron girarse.
«¿Pero qué son esos cadáveres?», se preguntó, de verdad asombrado.
Eran una especie de