—Déjate de locuras —lo regañó Noah mientras sostenía a su hija contra el pecho. Las hojas se mecían por el viento; el pronóstico ya advertía otra tormenta.
—Yo sé más de estas cosas que tú. Digo que usted… —Cassian casi suplicó, con las manos abiertas en un gesto de impotencia—. Vamos, alfa, solo necesitas poner un poco de tu parte...
—Yo también sé de estas cosas —Noah alzó a su cachorra. Un mechón dorado de su cabello se desplazó al contacto con el aire.
—¿Entonces? No me digas que la ham