Cassian no necesitó mirar a Leah. Ya sabía que estaba a punto de romperse. Pero también sabía que, si hacía falta, ella mordería a cualquiera que se acercara a su hija.
Y él, por su parte, también estaba dispuesto a matar. Pero la lógica lo llevaba a buscar otras alternativas menos peligrosas.
—¿Cuál es el nombre de esa loba? —preguntó el guerrero sin apartar la vista de la vidente.
—Amira —dijo Cassian con rapidez, e hizo un gran esfuerzo por controlar el temblor en su voz—. Nosotros solo